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Que bien nos vendría un Churchill.

A uno que le tocó aquello de hacer la Mili, recuerda una teórica de aquellas que se servían a la hora de la siesta, cuando los ojos pedían sueño y los alimentos recién tomados nos llevaban a la somnolencia.

En aquella ocasión, nos hablaba un sargento que aparte de experto en copas de todo tipo, también lo era en aquello que el nombraba como la guerra NBQ.

Evidentemente, uno no espera ver jamás un bombazo nuclear de cerca, pero quién me iba a decir en aquellos días, que cuando el cuerpo de aquel joven llegase a vivir cierto nivel de lo que mis señores padres llamaban achaques, yo iba a encontrarme con un mundo sumido en una especie de guerra de las que aquel sargento con poco interés nos instruía a todos sus soldados.

Pues aquí estamos, rodeados de un mundo viral, como el que nos describía el protagonista de 12 monos y que algún científico loco soltó a posta, o algún comensal de especies salvajes y raras decidió en su día regalarnos a todos.

Y a eso voy, nadie parece darse cuenta, de que con intención o no, estamos en medio de una guerra NBQ. Van un millón de muertos y subiendo, pero la gente sigue pululando por el mundo, como si con ellos no fuese la cosa. Políticos peleándose por el “y tú más”, presidentes diciendo que nadie se esperaba esto, canchas llenas de adolescentes y lo más fundamental, gente pensando que en unos meses todo se habrá acabado y a otra cosa, que la vida es bella y además nos suena a corta.

Pues un servidor, quizás por la formación recibida en su día, o porque las historias que le contaron sus padres le hablaban no de meses, sino de guerras que duraban años y postguerras que duraban una década, está convencido de que con líderes tan precarios, que vinieron de sorpresa,como si fuesen a una fiesta y que su pensamiento era gestionar los puestos que dar a sus amigos y subvenciones varias, esto les queda grande, y como no aparezca un Churchill a medida de la situación, vamos a acabar más en el cementerio de los que nos esperamos y sobre todo vamos a tener una posguerra de esas que llaman de “ni pa qué “.

Y aquí estamos, con un gobierno Frankenstein, con gente más preocupada de salir en  Vanity Fair, con un Presidente más preocupado de dejar mal a alguna comunidad autónoma que no esté gobernada por su palo y con ministros que le suben los impuestos a la “Fanta” como forma de repartir la riqueza.

Quizás Sánchez y sus secuaces deberían de copiar de “Arthur Neville Chamberlainque” que dimitió para que Churchill, le plantará cara sin muchos medios a su alcance, nada más y nada menos  que a la maquinaria bélica nazi de Adolf Hitler.

Como no surja un líder capaz de pensar en el bien común y en su país, me parece que de esta, el abismo será una mansión de lujo, para lo que se nos va a tocar vivir.

Que la fuerza y sobre todo la suerte nos acompañe a todos.

Juan Curto.

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